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Por:
Oscar lanza Rosales
Todos los
que nos hemos incorporado al rotarismo, además de querer encontrar
nuevos amigos entre su membresía, lo hemos hecho por el servicio que
pregonan sus objetivos, a todos los niveles, desde el individual,
pasando por la comunidad, hasta el esfuerzo común por crear la buena
voluntad y la paz entre todas las naciones del planeta.
Y para
los que tenemos ese sentimiento de ayuda al prójimo, o de cumplir el
lema Rotario de “Dar de Sí Antes de Pensar en Sí”, creo que en
nuestro país tenemos el campo más propicio para poner en práctica
esos actos de desprendimiento y de cooperación con los más
necesitados que llevamos como bandera los Rotarios.
Digo que
Honduras es un campo fértil para el rotarismo, porque aquí está todo
por hacerse y por mejorarse, principalmente, en los aspectos básicos
de educación, salud, alimentación y vivienda. Para nadie es un
secreto que como país estamos clasificados en los de más bajos
ingresos del continente, entre los más pobres, con los índices más
bajos de escolaridad, salubridad, productividad y bienestar general.
Son
frecuentes los conflictos en las relaciones obrero-patronales; los
jóvenes tienen un futuro incierto en cuanto a la ocupación y escasa
generación de empleo; una tercera edad desprotegida; la seguridad
social brillando por su ausencia para las mayorías; los
desequilibrios sociales y económicos que causa la migración del
campo a la ciudad; la explotación irracional de los recursos
naturales poniendo en peligro el equilibrio ecológico; y donde
proliferan cada día más la delincuencia y criminalidad a lo largo y
ancho del país.
Estos son
los problemas que más aquejan a la nación y en los cuales el
rotarismo por disponer de los líderes más connotados a nivel
nacional, y en las diferentes disciplinas del quehacer humano, tiene
el potencial para contribuir de manera significativa en la solución
de los mismos, tanto a nivel nacional como de cada comunidad.
En lo que
llevo de ser Rotario, de las cosas que más me he sentido orgulloso
como miembro de esta gran familia a nivel mundial, es que hemos sido
factor importante para eliminar de la faz de la tierra la
poliomielitis, un flagelo que azotó a nuestra niñez y juventud por
centenares de años. Nuestro club puso su grano de arena en esta
tarea.
A nivel
personal, mi trabajo Rotario ha ido orientado a las escuelas. A
poner los servicios sanitarios a las escuelas alrededor de
Tegucigalpa que no los tienen. A pintar y reparar las puertas,
ventanas y artesones de las escuelas que el Ministerio de Educación
Pública tiene abandonadas, y dotarlas de los utensilios para servir
la merienda infantil.
Algo de
lo cual estoy contento, es haber propiciado el homenaje a los
Empleados Excepcionales de las empresas que dirigen los miembros de
nuestro club, y el tributo que rendimos a los más distinguidos
profesionales de Medicina, Ingeniería Civil y de Derecho. Tributo
que recayó en el Doctor Hernán Corrales Padilla, el Ingeniero
Roberto Domínguez Agurcia y el Abogado Jerónimo Sandoval Marín, y
cuya selección se realizó con sus respectivos colegios profesionales
de los cuales eran miembros. Ofreciendo homenajes que hicimos en
vida, meses antes que dos de ellos abandonaran este mundo terrenal.
En un
país como Honduras, y con una capital abandonada, los miembros del
Club Rotario Tegucigalpa Sur tenemos el compromiso con nuestros
conciudadanos de dar más luces en la solución de sus problemas y de
llevar la iniciativa en asuntos que son de trascendencia nacional.
El
rotarismo no termina con la puntualidad y la asistencia a las
sesiones de los Jueves, pues afuera del edificio Rotario nos esperan
las gentes y las comunidades que quieren que les demos la mano para
mejorar su calidad de vida. Aunque es difícil considerarse un
Rotario realizado mientras persista la ignorancia, la pobreza, las
injusticias....., en fin el sub-desarrollo, lo importante es tener
la disposición y el ideal de servicio que manda Rotary Internacional.
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