|
 

Recordar
es vivir, y lo bueno con el tiempo se analiza mejor, se ven las
equivocaciones y los malos entendidos. Concretando al final hubo un
logro, una interacción positiva como ocurrió en la cuatricentenaria
ciudad de Tegucigalpa que se convirtió por varios años concecutivos
en la capital de la amistad y la buena voluntad interamericana al
recibir en su seno la delicada finura de las embajadoras de la
armonía, belleza, servicio, donaire de las dos Américas
Continentales, del vasto archipiélago de las Antillas y de la franja
ístmica de Centroamérica.
El
cónclave fue patrocinado por el Club Rotario Tegucigalpa Sur, y se
dio a conocer por la loable labor de aportar materialmente y en
especie, un poco de aliciente a los niños, recluidos en la Sala de
Oncología Infantil del Hospital Materno Infantil de Honduras.
De la
Tierra del Fuego hasta las estepas frías del Norte, pasando por las
cálidas aguas del Caribe, fueron entablando diálogo fraterno los
diferentes países; éstos se unieron espiritualmente al enviar a sus
representantes a la tierra cálida y humilde de don Francisco Morazán
y don José Cecilio del Valle, quienes compartieron en su tiempo el
ideal del libertador Simón Bolívar que “el amor de los americanos no
debe ser restringido a los confines de sus patrias”.
Se
desarrolló así una forma de servicio y amistad sin fronteras,
interpretando en gran medida la Prueba Cuádruple de Rotary
Internacional que practican los Rotarios del mundo. Se identifican
con la verdad que comparten, la equidad en todos sus actos, y
expresan la buena voluntad en el mercado del trabajo; en la acción
social buscan la superación de los oprimidos y desposeídos,
provocando mecanismos y acciones que cultivan y mejoran las
relaciones generales que benefician a los interesados en la
convivencia pacífica; luchan denodadamente por una vida que debe
tener la humanidad a través del respeto democrático.
Bajo el
sello de “Señorita Independencia de América”, se inició este
ambicioso convivio internacional elogiado y admirado por muchos,
criticado y ridiculizado por otros. La coordinación y dirección del
mismo la tuvo el Rotario Rafael Melara Murillo, creador del proyecto.
Melara
Murillo contó con el apoyo espontáneo de muchos socios y socias del
club que creyeron en el evento, las instituciones públicas y
privadas lo calorizaron con entusiasmo, las representaciones
diplomáticas y consulares acreditadas en nuestro país se
identificaron con las embajadoras de la amistad de sus pueblos. Los
medios de comunicación social difundieron y dieron secuencia
ilustrada del mismo, y el pueblo hondureño en general, expresó su
hospitalidad y cariño a las visitantes distinguidas.
Ellas con
garbo y figura demostraron lo que encierra la mujer del continente
de la esperanza: no solamente es belleza fisica, sino un acervo
intelectual espiritualmente diferido que nos honra en compartir un
pasado común del descubrimiento, del colonizaje y de la
independencia de estos estados que unidos en la amistad y la paz,
son bastión indisoluble de presencia universal para los hombres y
mujeres orgullosos de ser nativos de cualquiera de las naciones de
América.
En la
vida del Club Rotario Tegucigalpa Sur, el “Señorita Independencia de
América” pasó a ser página importante en el eslabón cultural de su
historia; desde el punto de vista de imagen internacional,
convertimos a la capital de la república en un escenario americano.
El amor,
la amistad y el apoyo demostrado, se erigió como instrumento de la
gran Patria Americana que desborda los límites de las diversas
nacionalidades, y se unen en aras de la superación y el trabajo. |